CUENTOS

EL VIAJE DE MARTÍN

Érase una vez en un pueblo tan lejano, pero tan alejado del mundo que hasta el mismo sol tardaba en calentar. Allí vivía un joven llamado Martín, cuando pequeño, siempre le gustaba descubrir cosas asombrosas, era un aventurero por excelencia, con sus amigos se divertía muchísimo jugando a los piratas y a ser héroes de batallas. Su madre siempre lo regañaba, puesto que, pasaba horas jugando y haciendo volar su imaginación con sus amigos, y ya casi no le gustaba ir a la escuela.
Muy cerca a su casa había un bosque lleno de verdes praderas y hermosos paisajes, a él personalmente le encantaba adentrarse hasta lo lejos mientras perdía de vista a sus amigos con quien pasaba largas y largas horas. Un día como cualquier otro, Martín mientras pasaba por el bosque vio un gran árbol, el más grande de todos alguna vez visto, él por su curiosidad quiso subir a él y sentir de cerca a ese gran árbol, cuando trepaba el árbol, se dio cuenta que en medio de éste había como especie de un pequeño agujero, él con gran coraje quiso llegar hasta allí para ver que había dentro, al llegar casi a la cima, observó detenidamente dicho agujero, pensó, ¿será que algún pájaro carpintero habrá hecho este agujero?, o ¿será el nido de un gran ave? Pero, viendo que no habían pájaros cerca, puesto que el árbol llegaba casi hasta las nubes, pensó que nada de eso podría haber sido, entró deteninademente al agujero que era del tamaño de él. Luego de estar allí vió una pequeña caja y dentro de ella al parecer contenía algo, la agitó para ver que podría ser y algo sonó, él quiso de repente abrirla y ver que contenía, al ver lo que había hallado se dio cuenta que era un simple reloj, pensó Martín: llegué hasta aquí por esto! Pero viendo que el reloj estaba sucio, decidió limpiarlo con un pañuelo que le había dado su madre. Al limpiar el artefacto, observó que algo no estaba bien con ese reloj, pues no tenía números, sólo un pequeño botón en el que presionar que decía en letras pequeñas viajar. El pequeño Martín de inmediato presionó dicho botón, en ese instante algo extraño sucedió, de repente Martín sintió que el reloj se movía junto con él. En unos cuantos minutos se encontraba en otro lugar desconocido para él, luego lo volvió a presionar y regresó nuevamente al árbol. Al ver esto, Martín decidió echarle un vistazo más de cerca a dicho reloj, lo llevó a su casa y con un poco de ayuda de algunas herramientas que tenía en su casa, se propuso a limpiarlo por dentro y a ajustar algunas cosas en éste. En eso se tardó aproximadamente dos semanas fue un trabajo muy duro y ya no tenía tiempo para verse con sus amigos, pero él había decidido no contarles nada a ellos mientras exploraba un poco más el pequeño artefacto.
Una mañana Martín decidió ir de nuevo al árbol, pues se dio cuenta que era el único sitio donde funcionaría el reloj al parecer mágico. Estando en el árbol, quiso intentar de nuevo, de repente y en pocos segundos se desplazó a otro lugar desconocido, en vista de ello, continuo imaginándose muchos lugares y a medida que se imaginaba se desplazaba a muchos lugares, no está de más decir, que estuvo desde la china hasta las pirámides de Egipto, desde verdes praderas y chicos jugando con cometas hasta calles y edificios, parques y muchísimos lugares más. Pues Martín se convirtió en un aventurero como lo anhelaba desde chico, conoció a muchas personas e hizo grandes amistades en todo el mundo, ahora mismo no se sabe dónde está, quizá en alguna playa o en el gran cañón, la verdad es un misterio…